Me encontré con Dios en la mañana,
cuando el día empezaba a despuntar;
su presencia fué como un sol naciente,
y en mi pecho alumbró gloriosa paz.
Todo el día sentí su compañía,
todo el día a mi lado siempre fue;
y mi barca cruzó tranquilamente
entre oleaje de agitado mar.
Por eso creo que el secreto tengo,
aprendido en el diario batallar:
si a Dios queremos tener todo el día,
en la mañana lo hemos de buscar.
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