lunes, 21 de enero de 2019

!EL PREMIO DE LA FÉ Y LA HONRADEZ!

  Un obrero textil regresaba cierta tarde a su casa, después de haber sido despedido de la fábrica donde trabajaba desde hacía muchos años. Su rostro angustiado casi no necesitó palabras de explicación. Sin embargo, sacando el último pago que acababa de recibir, le dijo a su mujer: "Tendremos que hacer durar lo máximo posible este dinero, porque no se cuando podré conseguir otro trabajo". "Pero, ¡Qué extraño, si hace pocos días el dueño de la fábrica alabó tu trabajo!" Le dijo su esposa con verdadera preocupación.
  Este hombre era un creyente que realmente confiaba en Dios. De manera que no desesperó. No obstante, ya habían pasado unos cuantos días buscando trabajo, sin tener éxito. El dinero se le terminaba y la familia comenzaba a tener necesidad.  Pero cierta mañana la esposa, mientras reflexionaba en la mala suerte de su marido, tuvo la fortuna de encontrar en la calle una costosa cadena de oro, de la cual pendía un precioso brillante. La señora la llevó entonces a un joyero, quién de inmediato reconoció la joya, porque poco tiempo antes él mismo la había vendido nada menos que al dueño de la fábrica textil donde había trabajado nuestro buen hombre.
  El fin de la historia es que el trabajador despedido fué a ver al dueño para entregarle la valiosa joya, la cual era  propiedad de su hija. El patrón, emocionado ante esa demostración de honradez, le confesó al obrero que lo había despedido porque pensaba que él le había robado la cadena cierta vez, cuando tuvo que hacer un trabajo en su casa particular, que estaba junto a la fábrica. De inmediato, el obrero fue reintegrado en su trabajo con un sueldo mucho mayor.
  La moraleja de esta historia: 1) Quién es, no tiene porqué temer las injusticias que se desaten contra él; 2) Quién confía en Dios, nunca será abandonado. Podrán sobrevenirle pruebas y amargos reveses, pero Dios siempre le sustentará. La corrección, tarde o temprano es premiada más allá de lo que imaginamos.
  El que camina con Dios siempre gana, siempre goza más de la vida. El rey David declaró: " Joven fuí y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni su descendencia que mendigue pan"(Salmo 37:25). Si, el Señor de la vida cuida de sus hijos y vela continuamente por nuestro bienestar. ¿Lo sabía Usted?
Feliz y bendecido día.

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